Boats

Everyone has his own, even Matías has his boat. To cross the inlet, to arrive to the sea. Some of them live in the sand losing water through their holes; others are swaying in the breeze.

When the air is calm they seem to be floating in the middle of nowhere, where they appear upside down. And, when they know you are looking at them, they become big in the game of flirting the water and they play.

A.

Verona

A colorful canvas, a palette with earthy tones. Sienna, ochre and terracotta; venetian blinds in different shades of green, peeling walls, rust and stone. This is Verona, a city with patina, with an old flavor. Even the Adige River is dyed with pebbles and clay.

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It’s warm and bustling, it smells like risotto, Amarone and pecorino.
Romantic and tragic for its Romeo and Juliet, its Arena amphitheater evokes epic literature. Superb and solid, it dresses you in its sword and shield as soon as you sit down.

Eternal as the stones that make it up, I was seduced by its Ponte di Castelvecchio, the old one with its reddish battlements; the stories recorder on its walls and others are in closed inside them. Its Ponte Pietra, and its Duomo dulling in its elevation, whose lighthouse illuminates the city. The Piazza delle Erbe -which has beautiful even in its name-, a place full of history and life, which you have to keep in your mind.

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I liked your legends, much more those hanging of possible whale bones than those touching bronze breasts, looking for eternal love. I left without touching them and I arrived there without a partner, but even though I’m left with no one to love me, it’s enough for me to have fallen in love with you. So I assure you I will return.

You taste like pen and verse,
you dress me in silk,
you nourish me with velvet.

With a long braid you draw my back
and, in a glass of wine, you bring me desire.
With my eyes on your beauty,
between your stones,
Im trapped.

A.

Lago di Garda

Y llegué a Malcesine, pueblo pesquero, colorido y bullicioso en el Lago di Garda, y me quise quedar para siempre en este viejo pantalán, al ritmo del agua golpeteando las maderas que lo sustentaban, con la paz escrita en el rostro.


Rodeada de intensos tonos azules moldeados por la luz del día y con una bruma al caer la tarde que te va desmarcando las siluetas de las montañas que lo rodean, como si se fueran perdiendo en el horizonte, de una en una ante ti, convirtiendo en mágico el  paisaje.

A la mañana siguiente me fui hasta Riva del Garda, otro pueblo precioso en el norte del lago. Allí me hice un recorrido a pie por la carretera antigua, paralela al lago por las montañas, que va hacia Pregasina, un pequeño lugar al que te alegras de llegar por ser la meta de un camino y, también, por la necesidad de recargar energía antes de la necesaria vuelta. Repetiría de nuevo por la inmensidad de su paisaje. Simplemente, maravilloso.

Otro sitio para quedarse ¿Me dará la vida para tanto?

A.

Mantua, una ciudad entre lagos

Cuando decido hacer un viaje a un destino, el Google maps satélite se convierte en mi herramienta preferida para buscar los sitios que me apetece conocer. Esa primera mirada a vista de pájaro es la que me lleva a decidir. Luego, busco toda la información que puedo sobre el lugar o los lugares elegidos, y cuando por fin llego, entonces me equivoco de ruta o pierdo el papel donde llevaba de todo apuntado, y me dejo sorprender, por los mismos, en un juego de seducción que me tiene todo el día sonriendo.
¡Qué le vamos a hacer, así soy yo!
También influyen en las variables, y bastante, los tiempos en los que transcurren los recorridos: esas malditas horas que no deberían ser de visita porque la luz excesiva y el calor le mata la expresividad a todo, al igual que nos convierte en penitentes a los que por allí estamos, en busca y captura de alguna sombra donde cerrar compuertas.
Pero no puede ser todo perfecto, llegando a la hermosa Mantua a las 3 de la tarde de un 21 de agosto, con un calor exactamente igual que del que salí huyendo de mi amada Sevilla.
Tuve buena intuición y me fui primero a las afueras de la ciudad para visitar el Palazzo del Té, en donde busqué los exteriores, el camino hacia el verde, y en el que encontré unos buenos árboles y un banco en el que sentarme a reposar el entusiasmo aún desubicado que llevaba.
Había llegado a Mantua, mi ciudad elegida, la del poeta Virgilio, la fuente de inspiración de muchos célebres escritores. Quería pasearla, fotografiarla y esperar su mejor luz aunque eso me hiciera llegar tarde a Verona, donde me esperaban a una hora determinada el alojamiento y su dueño.
Y me he quedado con muchas ganas, pero así y todo, y a pesar del calor, de las obras que afeaban la ciudad, de mis nervios iniciales estropeando la dulce concentración, pude disfrutarla.
Es Renacimiento puro, rodeada por tres lagos artificiales que en su tiempo le hicieran por defensa, pero que ahora le aporta una belleza inmensa por parecer una ciudad que saliera de entre las aguas. No quiero ni pensar qué tiene que ser recorrerla a primera
hora de la mañana con el Sol naciendo….
Terminé, como había leído en comentarios de otros que antes fueron, en la orilla bonita de su entrada por el Norte. Allá que iba, ya con el tiempo corriendo en mi contra, pero con la fábula de la profetisa Mantova en la cabeza y con la intención de beber de las aguas del lago, en ese querer creer que se hicieron con sus lágrimas y no como cuenta la otra Historia, la seria. Además me habría encantado haber adquirido poderes proféticos, pero había gente en el lugar y estas rarezas mías me gusta hacerlas en soledad.
Lo que no he podido evitar es cargarme la obra que la afeaba tanto, por lo que hay truco en la fotografía que desde allí tomé de ella, por el que pido perdón, siendo la razón de que le haya puesto de nombre: mi Mantua. No tenía tiempo para buscar otra perspectiva en la que no salieran las obras, por lo que otra vez será que tenga que ir a verla. Sin prisas, sin calor, sin éstas y a las horas donde con la fotografía encuentre el total disfrute.
Mi Mantua
Hasta otra, Mantua!
Pd. Me perdí de nuevo y llegué tarde a Verona. Creo que en el fondo me gusta perderme.

Porto, a city of contrasts

Again, life gave me the chance, because this time it was not my intention, to travel alone.

I keep thinking: it’s enriching to do it feeling everything around, but, when you open your mind, you can see yourself in another world and this stirs you to the core; you’ll do things that you would not do in your comfort zone, so you have to take into account that you may be vulnerable.

Particularly, I feel so small and so grateful at the same time when I have the opportunity to escape from my bubble. I am a person who tends to laugh and cry when I see beauty, the beauty that I want to capture with my own eyes; who enjoys wearing away my own jaw tasting all the flavours I can get my hands on; who likes to walk where others walked, loved, fought and who knows…

It is just that, travelling is to discover, to conquer by winning or losing at the same time, which empties you of or fills you with new sensations.

And Oporto was my new destination this time: a city of contrasts of color and light in which your sight may be caught hanging. It’s wonderful whether sunny or cloudy; it’s both vintage and modern.

The city has two promenades, one in Oporto and the other one in Gaia, to stroll along while you lose track of time. It has colorful houses that erase the grey from your body; another long walk from Foz do Douro to Matosinhos that spikes the iodine in your blood. Wonderful friendly people who are generous with their time, and lots of culinary delights to ruin your figure with while you are there.

One problem: Oporto is trendy now and during high seasons it’s packed. There are people who don’t mind crowds, but this overwhelms me. For this reason, my choice to stay in Foz do Douro was a fantastic idea because there are more seagulls than people and you have the bus right at the door of the apartment, so I am sure I will go back again.

There are also less known and more picturesque neighborhoods like Miragaia that, in my opinion, deserve more time despite their hills.

Surely, this is a city to revisit, to experience more than once.

Tie me down in your water, in the middle of the saltpeter and the wind, and let me contemplate you until night falls and the sky wants to be my roof.

 A.