La Navidad

La Navidad se me antoja como este gran árbol con tan hermosa hendidura en su tronco. Una hendidura cubierta de un mullido musgo que suavice la entrada en su interior. Porque, si se quiere entrar, debe hacerse desnudo de uno para así poder encontrarse en otros.

Este año buscaré hacerlo de nuevo en mi padre, con todas sus estrellas, las que siempre guardaba para todos. Él era feliz con el musgo, con San José y con la masilla que había que ponerle bajo el pie para darle la estabilidad de la que la estatuilla carecía. Silbaba mientras poníamos el Belén al compás de los buenos villancicos antiguos que sonaban en los discos de vinilo que había en casa, y mascullaba palabrotas cuando se fundía alguna que otra de las lamparillas de colores con las que iluminábamos los escenarios navideños.

No sabía arreglarlas, siendo más apañada mi madre para todo el tema eléctrico que él con toda su bohemia. Y con el tiempo, era curioso ver cómo los cables de las luces navideñas tenían más tiritas que cualquier corazón partío, como las que yo necesito ahora por buscarte en mi melancolía.

Huelo tu abrigo y tu bufanda, y el olor del cuero de tus guantes de todas las veces que agarraron mis manos. Siento mis pies junto a los tuyos pisando las calles que nos llevaban a las tiendas de José Gestoso, en busca de lo que necesitábamos para poder poner, cada año, el árbol o el belén.

Y aquí estoy yo ahora, necesitando encontrarme en tanto amor que te salía, en esta época del año, para hacerlo mío, porque tengo que abonar mi fortaleza.

Voy a pasearme por la Navidad recogiendo estrellas y cuando me llene por dentro los abrigos, me iré al punto más alto que por aquí encuentre y las tiraré como si fueran los dados del destino. Quizás formen un nuevo camino por encima del que se me está resquebrajando. Un sendero de luz cálida por donde no perder mi felicidad.

A.

Adiós año viejo

Perdonarme hoy la brusquedad pero estoy fermentando como la uva blanca. Si tuviera aquí al que me besa el alma, sin duda le partiría la camisa, pero de momento lo dejo en su cama, en su isla.

Me siento bendecida por lo que pude vivir en el 17; por lo que aprendí de lo malo; por lo que me reconfortó lo bueno; por lo que me empujó la envidia de otros y por lo que me abrazó la buena amistad que me roza. Por todo un año más que es que a ti pude disfrutarte..

Me siento rica por todo lo que aprendí y por toda la gente nueva a la que conocí, gente rodada que ya no esconde la ternura, en una edad que avanza por día quitándose las capas muertas, riéndose por lo que ya uno se atreve sin pedir permiso, ejerciendo el lujo de desnudarse mientras se quiere seguir aprendiendo.

Bienvenido seas 2018 a este alma borracha de vida, de deseo, de empecinamiento……Sí, porque bruta es que siempre fui pidiendo felicidad….desde chiquitita.

A.