Yendo a verte

Este año fui a verte al mismo tiempo que a despedirme, todo en una sola vez. Nunca antes fue así, por lo que me sentí rara; hasta desistí de vestirme de flamenca porque ya era como llegar a una cena en los postres, a mí que siempre me encantó verte desde que te encendías hasta tu cierre entre lonas.

Cada día, entre los volantes que gestionaban mis andares, iba a buscar ese son tuyo que me ponía guapa. O quizás ya lo estuviera de antes, desde el momento en el que coronaba mi arreglo con una flor en lo alto de mi cabeza. Era como si me subiera la chulería por dentro, como si de pronto el poder conmigo se aliara. Y, desde ese mismo momento,  ya no sabía si mi cuerpo andaba o bailaba. Comida por la excitación era que me iba para tu poblado de casetas rojas y blancas entre las que segura estaba de que alguna maravillosa historia de amor me caería en lo alto, como un meteorito que se cristalizara tan sólo con verme no pudiendo hacer más que caer en mis brazos. Uno de esos miles de amores que nunca llegaron, pero que tampoco acabaron con mi ilusión, porque a la mañana siguiente habría otra flor en el pelo que sacaría de nuevo a mi duende, el que me pone gitana y me crece.

Siete días de luces y colores, de zapatos teñidos de un albero que quizás quisiera ser el tattoo de mis pasos; de ruido de cascos y cascabeles al cruzar de calle en calle, de palmas al compás de infinitos corazones intentando bailar las penas y las alegrías…..
Y entre flores en cabezas y pechos, la cara de mi padre sonriéndose en la mía, en medio de tantas otras que buscaban a otras tantas.
Todo esto sigue igual -y ahora es a él a quien le hablo-,  aunque ya no estés. Porque tu sonrisa y la mía se quedaron allí grabadas, a pesar del transcurrir del tiempo, en aquella esquina de la barra, ambas pegadas a las rejas verdes. En uno de tus sitios preferidos, donde calentabas sentrañas y palmas para luego ir a buscarte en mi baile, y yo en tu alma.
Este año fui a verte en un sin verte porque lo hice a pelo, sin mi traje, sin mi flor, hasta sin las gafas que de hecho ya necesita mi mirada. Y, quizás, esta falta de definición me salvó de soltar más allá de lo debido la emoción acumulada, aunque tampoco la coartó. En cierta manera, me sirvió en doble, porque también me dio libertad. Y es que, con la indefinición desaparece el ajeno, con todas sus miradas y también con las ausentes, quedando tan sólo los que quieren estar a tu vera, por lo que me sentí bastante a gusto en el poco tiempo que allí estuve.
Este año, aunque me faltaron tus mañanas y otras noches, pude ver de nuevo cómo perduras en el tiempo y pude recordar en la eterna barra a mi padre, por lo que no te hago ningún reclamo. Este año volví a buscarme en tu son, y de nuevo fue que me encontré y, como cada año, conseguiste detener el tiempo.
A.

Emocionarse

Bailo desde que tenía tres años y ahora paso ya los cincuenta, siendo que baile de otra manera. Durante muchos años, mi pluma fue mi cuerpo y el suelo, mi folio en blanco.
A través del movimiento, un canto hueco de palabras: historias sobre sentimientos que necesitaba sacarme de adentro, como la pulpa de un fruto exprimido. Y no sabría contar las veces que he podido mecer, al compás de la música, lo que yo llamo las sentideras, sabiendo que tendré esta necesidad hasta el día en el que me muera. De la forma que sea.

Consciente de lo íntima que es la práctica de este arte, sé de la dificultad de poder desnudarse emocionalmente en el baile porque, a diferencia de otras disciplinas, en esta se viaja por donde lo hacen las historias mudas, siendo el cuerpo el que ponga palabras a los sentimientos, necesitando de un recorrido más amplio por el que comunicarse. Aquí, no hay la facilidad que otorgan las palabras, entre las que poder sentirse identificado en cero coma dos. Y, por otro lado, se precisa del sonido porque, aún pudiendo emocionar en el silencio con gestos, el ritmo es para el movimiento lo que el latido es para el corazón. Ahí es donde radica nuestra fuerza.

Sin embargo, una buena historia en una buena voz puede hacernos vibrar por sí sola, porque su propio sonido encierra la musicalidad que emociona. Así, mientras en el cante tan sólo se necesita de un sentido como aliado, en el baile siempre necesitaremos de dos por parte del receptor: el del oído, y el de la atenta mirada, aquella por la que moverse, haciendo posible este placer de comunicación.

Y me resulta curioso el hecho de que, ahora que mis pies danzan en corto, tenga la necesidad de reinventar el modo de sacar lo que me mueve por dentro, eligiendo la escritura para seguir hilando letras que cosen pequeñas historias, como cuando bailaba, siendo ahora mi cuerpo la pluma, y el blanco folio, el suelo que antes pisara. Y más curioso aún que, de nuevo, no me aleje de la complicación en esta otra disciplina elegida.
Laborioso este baile con las letras que van carentes de imagen, como si se bailara sin música. Complicado comunicarse a través de ellas en un mundo que reclama el impacto visual con el que saciarse de manera inmediata, en una incesante carrera por tener sensaciones que vivir y matar a la misma velocidad.

Pero, yo seguiré con este lento empeño que me acompaña. Porque lo mío es la emoción que me detiene en un deleite en el que pareciera que ya no necesito de nada más. Como cuando encuentro las palabras que necesita mi pensamiento para expresarse, o cuando el horizonte se me cruza en una perspectiva que necesito capturar para que se quede en mí, o esa música que gasto y desgasto de tanto escucharla mientras se me mueven las entrañas.

Sí, seguiré siendo del club de los que practicamos la lentitud en el disfrute de cualquier forma de arte, ya sea cuando lo provoque yo o cuando lo hagan otros, que no deja de ser más que otra forma de encontrarte.

A.

Y sin embargo, te quiero

Los miedos me ladran, algo andan buscando.
Lo sé porque me doblo como el árbol cuando enferma,
al quedarse sin tierra ni abono,

Querrán carnaza del dolor que me supone
el quitarme de tu amamantado abrazo.
Porque, dejarte ir me duele que me raja.
Es más, maldigo las razones que me llevan
a este necesario desapego,
pero es que sólo me sale amarte como creo.

Quizás no pienses que, mientras tú le temes
a un nuevo aire que te mueva,
yo sin ti será que me quede al descubierto,
por lo que ambas estaremos a merced del viento.
Que, mientras te puedas sentir desnuda ante la vida,
pareciéndote no poder sobrevivir a tanto desamparo,
yo me quedaré hueca hablándole al vacío.
Porque la vida nunca termina de ser una prueba,
pero ahora te toca empezar un hermoso duelo
en el que yo ya no entro ni salgo.

Ojalá, algún día, comprendas la necesidad
que tuve de provocarte este desapego.
Ojalá, algún día, sientas la generosidad que hay
en aquel que se quita, en el que suelta.
Aquel que piensa que el amor no es propiedad de nadie,
y menos del que de uno nace.

A.

Necesito el aire

¿A qué profundidad estoy?
¿En qué parte me mantienes?

Aún no sé cómo sigo respirando en tu agua salada,
quizás el ver la luz que fuera está me mantiene inmortal en tu ahogo.

Sé que no quieres que me vaya,
doliéndome la forma en la que me tienes agarrada.
Y te digo algo que a lo mejor se te escapa,
porque hasta pudiera querer estar aquí,
pero nunca viviendo encerrada.

Me gusta flotar sintiendo como el aire me otorga la libertad que requiero,
necesito que me siga hiriendo la belleza cuando le echo la mirada,
y sentir que el agua me moja sin ahogarme la sonrisa, esa que tanto te gustaba.

Quisiera poder zambullirme en ti tantas incontables veces…
pero necesito ver la luz que me regresa a mi propia individualidad,
aquella en la que engordo mis sueños,
los que debieran ser sagrados para ti y para todos.
Porque quisiera sentir el amor que me regresa al filo de tu boca
pero con total libertad, sin necesidad.

Me va quedando poco tiempo dentro de ti,
suelta las amarras, no me lleves hacia el fondo.
Mírame ahora que aún puedes hacerlo e impide que pueda ver la nada,
porque me matas.

Me queda poco…..

A.

https://www.facebook.com/apsoldevilla/posts/1808779052468408

Mi credo

Mi alma es femenina y mi cuerpo también. Tuve la suerte de nacer con unos pechos más abultados que los tuyos y con la anatomía sexual que le correspondía a mi forma de sentir.

Mi corazón es sensible a los sentimientos en un recorrido largo. Con esto no digo que no lo seas también tú, pero quizás, a ti te dure el pálpito tanto como te dura un orgasmo, – igual que a mí, dirás tú-, pero es que mi femenino orgasmo es mucho más largo que el tuyo, aunque no puedas soportarlo.
Y aunque no entiendas aún de qué te estoy hablando, no es de otra cosa que lo que nos diferencia, lo que tantas veces nos une con el deseo y que luego nos mata el ego, ese que anda mal repartido entre cruces y flechas.
Porque nosotras nos vinimos arriba para intentar ajustar las cuentas en el placer de ser y estar, pero muchos de vosotros es que seguís en plan conquistador, sin otorgarnos cuota por si acaso os pudiera salir sombra. Con la mirada fija en el propio pecho y sin mirar para atrás. Que no os quiten lo bailao, como se dice por el sur, mientras nosotras estamos en un continuo estar demostrando lo que somos capaces de hacer y deshacer.
Pero nunca olvides eso de que aprendimos a andar con tacones y ahora sabemos bailar hasta con los pies descalzos. Así se nos deformen los dedos que seguimos y seguimos caminando. Por lo que te aseguro que,  aunque me sea todo más difícil, tanto en el amor como en el trabajo, mi naturaleza me llevará una y otra vez a reinventarme. Prueba si no te lo terminas de creer y dame un ovillo, por ejemplo, que te lo convierto en una hermosa flor.
El problema es que son demasiadas las que aún no creen en ellas, tantas, que entre tus filas suman demasiados los que gustan de secarles las venas. Y mientras fuera que nos quedásemos en el plano del hacer, no habría otra que seguir bombeando más rápido para que nunca la voz se nos callara. Pero, los que no perdonan nuestro ser y estar, aquellos que se empeñan en ahogar lo que no soportan que sea libre, fuerte y bonito, los que juegan con el amor para terminar enterrándote, esos dan tanto miedo que hasta necesitaría que tú también renegaras de ellos como parte de los tuyos, sabiendo que no seguiría siendo suficiente.
Porque para acabar con una plaga no es suficiente con quitar los bichos, también hay que quitar la mala hierba que quedó, sanear y renovar entera la tierra.
Por lo que aquí es que paro de hablar contigo, porque también me toca recordarle algo a mis entendederas, siendo aquí que vaya el credo de mi propia lucha.
Siempre sopla aire fresco que refuerce el pensamiento,
que me erice el pecho en pos del simple orgullo de ser.
Libros llenos de conocimientos que serán mi coraza,
un corazón que me haga exigir el respeto
y valentía para seguir alzando la voz cuando tenga que alzarla.
 
Amor propio que me aleje de aquel que no viene de frente,
y respeto para ser libre sin oprimir a los demás.
Capacidad para querer sin necesitar,
porque la belleza la encontraré cuando ame queriendo.
A.

Y.

Y quedaron a tomar una copa, de esas que alegran el ama, por dos motivos: uno por la copa en si y otro por el simple hecho de estar próximos.

Y sentados el uno frente al otro, se contaron las historias que tuvieron lugar en el tiempo que estuvieron,  mientras las miradas irían deshaciendo hechuras en ese tipo de lenguaje que desnuda.

Y revivieron ese trozo de pasión desparramada la mañana anterior, escribiendo con tinta invisible, en las paredes del bar, la necesidad de un tercer encuentro. Un espacio en el tiempo de miradas mordiendo las ganas, de besos carentes de fondo, de caricias narrando cuentos de placer, de encajes, de acoples perfectos.

Puntos suspensivos narrando historias que nunca abocaron en el amor porque se perdieron en el deseo.

A.