Porto, a city of contrasts

Again, life gave me the chance, because this time it was not my intention, to travel alone.

I keep thinking: it’s enriching to do it feeling everything around, but, when you open your mind, you can see yourself in another world and this stirs you to the core; you’ll do things that you would not do in your comfort zone, so you have to take into account that you may be vulnerable.

Particularly, I feel so small and so grateful at the same time when I have the opportunity to escape from my bubble. I am a person who tends to laugh and cry when I see beauty, the beauty that I want to capture with my own eyes; who enjoys wearing away my own jaw tasting all the flavours I can get my hands on; who likes to walk where others walked, loved, fought and who knows…

It is just that, travelling is to discover, to conquer by winning or losing at the same time, which empties you of or fills you with new sensations.

And Oporto was my new destination this time: a city of contrasts of color and light in which your sight may be caught hanging. It’s wonderful whether sunny or cloudy; it’s both vintage and modern.

The city has two promenades, one in Oporto and the other one in Gaia, to stroll along while you lose track of time. It has colorful houses that erase the grey from your body; another long walk from Foz do Douro to Matosinhos that spikes the iodine in your blood. Wonderful friendly people who are generous with their time, and lots of culinary delights to ruin your figure with while you are there.

One problem: Oporto is trendy now and during high seasons it’s packed. There are people who don’t mind crowds, but this overwhelms me. For this reason, my choice to stay in Foz do Douro was a fantastic idea because there are more seagulls than people and you have the bus right at the door of the apartment, so I am sure I will go back again.

There are also less known and more picturesque neighborhoods like Miragaia that, in my opinion, deserve more time despite their hills.

Surely, this is a city to revisit, to experience more than once.

Tie me down in your water, in the middle of the saltpeter and the wind, and let me contemplate you until night falls and the sky wants to be my roof.

 A.

 

 

 

Oporto, ciudad de contrastes

De nuevo me surge, porque esta vez no fue mi intención, el hacer un viaje sola.

Sigo pensando que es enriquecedor el tener que ir con los sentidos despiertos desde el minuto uno, pero también, en esta apertura de mente que haces, puede que te veas perfilada en un mundo ajeno a ti de una manera que te remueva por dentro, cuestionándote cosas que, dentro de tu zona de rutina y confort, seguro que ni piensas, por lo que hay que barajar la posibilidad de vulnerabilidad a la que te expones.

Particularmente, me siento tan pequeña y tan agradecida al mismo tiempo cuando tengo la oportunidad de situarme fuera de mi cubito, que soy de las que suelo reír y llorar ante la belleza a la que me empeño en capturar con mi retina; de las que gasto mandíbula probando todos los nuevos sabores a mi alcance; de las que machaco cuerpo y pies pisando otros lugares por donde tantos otros antes caminaron, amaron, lucharon y a saber…..
Y es que, viajar no es otra cosa que descubrir, que conquistar ganando y perdiendo a la vez, por lo que te vacía y te llena de nuevas sensaciones.
Y mi nuevo destino fue Oporto, una ciudad de contrastes, de color y de luz en la que la mirada se te queda literalmente colgada. Es bella con sol y con nubes. Es decadente y poderosa al mismo tiempo. Tiene dos paseos, por las riveras de Oporto y de Gaia, para recorrerlos hasta que ya no te resistan los pies. Tiene unas casas de colores que consiguen borrarte el gris del cuerpo; un largo paseo desde Foz do Douro hasta Matosinhos que te sube el nivel de yodo en la sangre. Gente amable y generosa con su tiempo, y muchos placeres culinarios para perderte de vista la línea mientras estés por allí.
Una pega: está de moda y en fechas típicas de vacaciones está abarrotada. Hay a quien no le importan las multitudes, a mí me aturden. Evidentemente, no puedes dejar de pasear por el centro de la ciudad porque es una preciosidad, pero el gentío no es lo mío y dada las fechas,  no fue mucho lo que por el mismo transité.  Por lo mismo, la elección que tuve de alquilar en el barrio de Foz do Duoro fue fantástica. Y es que allí pegada a la desembocadura del río y a las playas habitan más aves que personas en comparación con el centro de la ciudad, y las conexiones al mismo son fantásticas, por lo que seguro que repito zona cuando vuelva.
También hay barrios menos conocidos y pintorescos para poder ir en fechas altas de turismo, como la zona de Miragaia que, en mi opinión, merecen más de un paseo aunque a base de piernas porque todo es una pura cuesta. Hasta el bello jardín que en el mismo habita es un recorrido de un subir y bajar continuo!
La verdad es que es una ciudad para volver, para vivirla más de una vez.
Átame en tu agua, en la mitad de la salitre y del viento, y déjame que te contemple hasta que llegue la noche  y quieras que el cielo sea mi techo… 
A.

 

 

Cádiz

Entre tantas ciudades bonitas, Cádiz me resulta preciosa.

Quizás sea, porque en ella se huele la alegría con sus tonos dorados y blancos.  Los que rechinan durante el día cuando el Sol de luz los preña; los que iluminan la ciudad cuando el cielo se atormenta.

Tacita hermosa, rodeada del inmenso mar. Recorriendo tus calles, pareciera que éste te cubra por la noche, dejando arrugada su salinidad por las distintas fachadas a su antojo. Y lo que en cualquier otro lugar me pudiera resultar un desperfecto, en ti es que me resulta bucólico, siendo que no quisiera dejarte de pisar, porque sería como querer dejar de estar con mi propia alma.
Y esta vez me paré a ver cómo el Sol te fecunda. Porque, resulta mágico tanto que te da, para luego decirte adiós llevándose de sí tan poco, mientras el cielo se va preparando para ser tu abrigo en la noche.
Y tampoco pude dejar de asomarme al que te acuna, a ese mar tan azul que te rodea, el que te da tu marinero carácter. Agua salada que juega con tus playas y con tus adentros, la que verdea sus azules a merced de la luz del día y de la noche, por lo que también a mis ojos provoca.
A.
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Por el puente de Triana

Caminando por ti, es que voy a verte,
desde la alta zapata que recorre la calle Betis,
o desde la orilla más silvestre.

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Y si me gustan tus costaos
tanto como tus frentes,

más me priva verte los bajos,
que tan forjaos tú tienes.

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Estos que según cuentan, te bendicen o no al amor que les presentas,
siendo que de alambre les vista el corazón, si no les gusta su nobleza.

A.

Luces de Londres

Mi segundo viaje a Londres, justo antes de Navidad, recorriendo sus calles bajo un cielo grisáceo y con un viento helado presagio de estampas blancas.

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Caótico es que sigue siendo su mundo subterráneo, o aún más, con esos metros ya ajados por el tiempo, densos de mestizaje, de prisas, de contrastes, de pobreza. Mientras, la urbe está vestida por barrios, luciendo en una manera tan singular, tan ecléctica, que se te cuela por dentro como lo hiciera la música.
Esta vez no anduve por sus magníficos parques, quizás demasiado frío destilaban para este corazón del sur. Pero no pude perdonar ir a pasear por Coven Garden porque es un barrio en el que se respira alegría. Tomarse un vino o una cerveza en alguno de sus pubs es alimentar la sonrisa mientras ves cómo está todo vestido de luces anunciando la llegada de Papá Noel.
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Allá por donde paseas, parece que las calles quieran ser cuentos de Navidad. Los almacenes Harrods pueden verse desde bien lejos con toda su silueta remarcada bombilla a bombilla, y a medida que te vas acercando, es que te asombren sus escaparates animados con escenografías con sabor a niñez, a ilusiones, a deseos y a sueños. Resulta imposible no volver hacia atrás viéndose pequeño en el tiempo….
Por supuesto, hubo espacio para visitar pequeños museos aún no descubiertos, como The Courtauld Gallery, con pinturas para soñar de Cézanne, Seurat, Pissarro, Monet, Gauguin, Renoir o Van Gogh. Pintura francesa de Matisse…..Y otros, como el Victoria & Albert, donde volver a maravillarme por su especial forma de enseñar el arte y el diseño en un manera muy interactiva. Me apasiona perderme en el fabuloso mundo que ofrece.
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Imprescindible haber dedicado tiempo para pasear por el otro lado del río. Cruzando por el puente que llega hasta el mismo Tate, es una delicia tirar hacia Borough Market para sentir que se puede viajar en el tiempo a través de la vista, del olfato y de los sentidos. Y es que te apetece todo lo que ves: las verduras, las setas, las cestas de frutos rojos, las coles, los quesos, las mermeladas caseras, el tocino, las flores….
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Genuino resulta ver a la gente, a mitad del trabajo, comiendo un tentempié caliente con sabores indios o tailandeses. Especias pululando por el aire frío directas a calentar entrañas apoyadas sobre cualquier muro, a solas o con otros colegas del curro. Y por tu mente es que empiezan a desfilar chaquetas de buen paño mezcladas con rastas que asoman por debajo de boinas o gorros de lana; delantales de trabajo frente a  carteras donde van guardados ordenadores; mestizaje autóctono viviendo de aquel lugar frente a turistas que quieren disfrutar del mismo…Todo ello pululando entre edificios antiguos, con ideas antiguas de comercio convertidas en singulares negocios, estando ahora en boga.
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Y de nuevo no quise perderme la vuelta a la otra orilla  navegando en una barcaza por el Támesis, y menos aún, cuando ya se estaba acostando la tarde y Londres empezaba a encender interruptores para ser dibujada por todo tipo de luces. Y desde el río, una mirada diferente para esa fusión de arquitectura entre lo antiguo y lo moderno, horizontes de belleza indiscutible, esta vez plagadas de luminarias.
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Por último, probé hacer un recorrido en la parte superior, en la misma proa, de uno de los típicos autobuses rojos de dos plantas que circulan por la ciudad, atravesando parte del centro de Londres. Como si estuviera encapsulada en una pequeña órbita de cristal, realicé un viaje creyendo estar sustentada por miles de coches negros que intentaban circular, bastante atascados, por unos carriles que se abrían, se bifurcaban o se cerraban como solo ellos comprenderán y tendrán la paciencia de sufrirlo en su día a día.
Mientras, integrada en el paisaje de Navidad, fui observando esta ciudad de contrastes que es Londres, capaz de dar cuerda a tu reserva de marcha y así llenarla de un tiempo para soñar bonito en esta época del año.
A.
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My half moon

I don’t know why I love this picture. Perhaps when I have finished this short text, I will have found the reason why. Even this analysis about it seems arrogant, because I am the author. It wouldn’t have been my intention definitely.

The thing is, that when I take photos I highly value the connection that exists in the moment between what I want to look and my small red artifact.

It is obvious that I am learning about taking pictures, and that my camera also applies itself, under my control and its own capacity.
Yes, my control, because I play with it in a manual way, not in an automatic way. During the trip where I took this picture, I was finally brave enough to use my camera, and although I shot many times for no reason, there were occasions when I could feel the magic.

Like in this picture. Really, I can see the magic in it.

I can see the perfect light that stunned me. The incredible moment when the wind forgot itself in order to be the perfect reflection of the reality that lay within. I even think about the possibility that, all beings that were there in that moment remained breathless to not spoil the stillness that my photo illustrates.

I am overcome by this half moon that drew a nice smile on my face. I look at you and I see myself.

A.

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