To be loved

Two imperfect beings, that could be you and me, carrying backpacks that we would like to forget in any park, one of those days. But, for which we would return without doubts not being able to be unfaithful to ourselves.

Because, how can you leave behind everything you’ve lived?

And, at this point in which I cannot be without myself, my imperfection meets with yours and they tremble each in others hands, like the branches of the trees dancing in a storm. You remember the madness that you had missed, but also long for it.
And another wound is feared, a possible failure. Your dread the emotional pain but you still feel the desire to love and be loved. A desire that slips between the tips of my fingers while I am attracting it with my memory.

And while I caress myself, the necessity to feel alive again takes hold of me. I am tempted to know what could happen between two imperfect beings. Beautifully imperfect, clumsy and insecure. A middle age woman and man, two simple people in this world.

A.

Lago di Garda

Y llegué a Malcesine, pueblo pesquero, colorido y bullicioso en el Lago di Garda, y me quise quedar para siempre en este viejo pantalán, al ritmo del agua golpeteando las maderas que lo sustentaban, con la paz escrita en el rostro.


Rodeada de intensos tonos azules moldeados por la luz del día y con una bruma al caer la tarde que te va desmarcando las siluetas de las montañas que lo rodean, como si se fueran perdiendo en el horizonte, de una en una ante ti, convirtiendo en mágico el  paisaje.

A la mañana siguiente me fui hasta Riva del Garda, otro pueblo precioso en el norte del lago. Allí me hice un recorrido a pie por la carretera antigua, paralela al lago por las montañas, que va hacia Pregasina, un pequeño lugar al que te alegras de llegar por ser la meta de un camino y, también, por la necesidad de recargar energía antes de la necesaria vuelta. Repetiría de nuevo por la inmensidad de su paisaje. Simplemente, maravilloso.

Otro sitio para quedarse ¿Me dará la vida para tanto?

A.

Porto, a city of contrasts

Again, life gave me the chance, because this time it was not my intention, to travel alone.

I keep thinking: it’s enriching to do it feeling everything around, but, when you open your mind, you can see yourself in another world and this stirs you to the core; you’ll do things that you would not do in your comfort zone, so you have to take into account that you may be vulnerable.

Particularly, I feel so small and so grateful at the same time when I have the opportunity to escape from my bubble. I am a person who tends to laugh and cry when I see beauty, the beauty that I want to capture with my own eyes; who enjoys wearing away my own jaw tasting all the flavours I can get my hands on; who likes to walk where others walked, loved, fought and who knows…

It is just that, travelling is to discover, to conquer by winning or losing at the same time, which empties you of or fills you with new sensations.

And Oporto was my new destination this time: a city of contrasts of color and light in which your sight may be caught hanging. It’s wonderful whether sunny or cloudy; it’s both vintage and modern.

The city has two promenades, one in Oporto and the other one in Gaia, to stroll along while you lose track of time. It has colorful houses that erase the grey from your body; another long walk from Foz do Douro to Matosinhos that spikes the iodine in your blood. Wonderful friendly people who are generous with their time, and lots of culinary delights to ruin your figure with while you are there.

One problem: Oporto is trendy now and during high seasons it’s packed. There are people who don’t mind crowds, but this overwhelms me. For this reason, my choice to stay in Foz do Douro was a fantastic idea because there are more seagulls than people and you have the bus right at the door of the apartment, so I am sure I will go back again.

There are also less known and more picturesque neighborhoods like Miragaia that, in my opinion, deserve more time despite their hills.

Surely, this is a city to revisit, to experience more than once.

Tie me down in your water, in the middle of the saltpeter and the wind, and let me contemplate you until night falls and the sky wants to be my roof.

 A.

 

 

 

Oporto, ciudad de contrastes

De nuevo me surge, porque esta vez no fue mi intención, el hacer un viaje sola.

Sigo pensando que es enriquecedor el tener que ir con los sentidos despiertos desde el minuto uno, pero también, en esta apertura de mente que haces, puede que te veas perfilada en un mundo ajeno a ti de una manera que te remueva por dentro, cuestionándote cosas que, dentro de tu zona de rutina y confort, seguro que ni piensas, por lo que hay que barajar la posibilidad de vulnerabilidad a la que te expones.

Particularmente, me siento tan pequeña y tan agradecida al mismo tiempo cuando tengo la oportunidad de situarme fuera de mi cubito, que soy de las que suelo reír y llorar ante la belleza a la que me empeño en capturar con mi retina; de las que gasto mandíbula probando todos los nuevos sabores a mi alcance; de las que machaco cuerpo y pies pisando otros lugares por donde tantos otros antes caminaron, amaron, lucharon y a saber…..
Y es que, viajar no es otra cosa que descubrir, que conquistar ganando y perdiendo a la vez, por lo que te vacía y te llena de nuevas sensaciones.
Y mi nuevo destino fue Oporto, una ciudad de contrastes, de color y de luz en la que la mirada se te queda literalmente colgada. Es bella con sol y con nubes. Es decadente y poderosa al mismo tiempo. Tiene dos paseos, por las riveras de Oporto y de Gaia, para recorrerlos hasta que ya no te resistan los pies. Tiene unas casas de colores que consiguen borrarte el gris del cuerpo; un largo paseo desde Foz do Douro hasta Matosinhos que te sube el nivel de yodo en la sangre. Gente amable y generosa con su tiempo, y muchos placeres culinarios para perderte de vista la línea mientras estés por allí.
Una pega: está de moda y en fechas típicas de vacaciones está abarrotada. Hay a quien no le importan las multitudes, a mí me aturden. Evidentemente, no puedes dejar de pasear por el centro de la ciudad porque es una preciosidad, pero el gentío no es lo mío y dada las fechas,  no fue mucho lo que por el mismo transité.  Por lo mismo, la elección que tuve de alquilar en el barrio de Foz do Duoro fue fantástica. Y es que allí pegada a la desembocadura del río y a las playas habitan más aves que personas en comparación con el centro de la ciudad, y las conexiones al mismo son fantásticas, por lo que seguro que repito zona cuando vuelva.
También hay barrios menos conocidos y pintorescos para poder ir en fechas altas de turismo, como la zona de Miragaia que, en mi opinión, merecen más de un paseo aunque a base de piernas porque todo es una pura cuesta. Hasta el bello jardín que en el mismo habita es un recorrido de un subir y bajar continuo!
La verdad es que es una ciudad para volver, para vivirla más de una vez.
Átame en tu agua, en la mitad de la salitre y del viento, y déjame que te contemple hasta que llegue la noche  y quieras que el cielo sea mi techo… 
A.

 

 

Cádiz

Entre tantas ciudades bonitas, Cádiz me resulta preciosa.

Quizás sea, porque en ella se huele la alegría con sus tonos dorados y blancos.  Los que rechinan durante el día cuando el Sol de luz los preña; los que iluminan la ciudad cuando el cielo se atormenta.

Tacita hermosa, rodeada del inmenso mar. Recorriendo tus calles, pareciera que éste te cubra por la noche, dejando arrugada su salinidad por las distintas fachadas a su antojo. Y lo que en cualquier otro lugar me pudiera resultar un desperfecto, en ti es que me resulta bucólico, siendo que no quisiera dejarte de pisar, porque sería como querer dejar de estar con mi propia alma.
Y esta vez me paré a ver cómo el Sol te fecunda. Porque, resulta mágico tanto que te da, para luego decirte adiós llevándose de sí tan poco, mientras el cielo se va preparando para ser tu abrigo en la noche.
Y tampoco pude dejar de asomarme al que te acuna, a ese mar tan azul que te rodea, el que te da tu marinero carácter. Agua salada que juega con tus playas y con tus adentros, la que verdea sus azules a merced de la luz del día y de la noche, por lo que también a mis ojos provoca.
A.
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