Cádiz

Entre tantas ciudades bonitas, Cádiz me resulta preciosa.

Quizás sea, porque en ella se huele la alegría con sus tonos dorados y blancos.  Los que rechinan durante el día cuando el Sol de luz los preña; los que iluminan la ciudad cuando el cielo se atormenta.

Tacita hermosa, rodeada del inmenso mar. Recorriendo tus calles, pareciera que éste te cubra por la noche, dejando arrugada su salinidad por las distintas fachadas a su antojo. Y lo que en cualquier otro lugar me pudiera resultar un desperfecto, en ti es que me resulta bucólico, siendo que no quisiera dejarte de pisar, porque sería como querer dejar de estar con mi propia alma.
Y esta vez me paré a ver cómo el Sol te fecunda. Porque, resulta mágico tanto que te da, para luego decirte adiós llevándose de sí tan poco, mientras el cielo se va preparando para ser tu abrigo en la noche.
Y tampoco pude dejar de asomarme al que te acuna, a ese mar tan azul que te rodea, el que te da tu marinero carácter. Agua salada que juega con tus playas y con tus adentros, la que verdea sus azules a merced de la luz del día y de la noche, por lo que también a mis ojos provoca.
A.
DSCN4288DSCN4291DSCN4292DSCN4305DSCN4312DSCN4315DSCN4340RSCN4352DSCN4334DSCN4324

Por el puente de Triana

Caminando por ti, es que voy a verte,
desde la alta zapata que recorre la calle Betis,
o desde la orilla más silvestre.

DSCN4280DSCN426914615613_1300145999998385_2972211490182776694_o


Y si me gustan tus costaos
tanto como tus frentes,

más me priva verte los bajos,
que tan forjaos tú tienes.

DSCN4271DSCN4274

Estos que según cuentan, te bendicen o no al amor que les presentas,
siendo que de alambre les vista el corazón, si no les gusta su nobleza.

A.

Escocia, donde la piedra ruge

Hay historias escocesas que nos hablan de la idea de llevar una piedra desde el pie de una colina para colocarla en un montón de piedras en su cima. De esta forma, se irá formando lo que allí se conoce como cairn, el cual se irá haciendo cada vez más grande hasta servir de guía en el horizonte. También hay otras que nos cuentan tradiciones sobre piedras que fueron usadas para coronar destinos, como narra la historia sobre la Piedra de Scone….
Bellos relatos sobre este elemento que ruge llamando tu atención por todas las tierras de Escocia.

Como poco, así es como yo lo he sentido por la zona por la que he viajado y es que, desde el momento en el que te asomas al maravilloso archipiélago, el de las Islas Orcadas, que en su Norte habita, la piedra surge, se vuelve relevante y te cautiva. Te estremece la tremenda belleza que tienen las que provocan la erosión que el viento y el mar producen en sus costas; los colores tan distintos que adoptan y que reflejan, dependiendo de la luz que sobre ellas incida, o de si llueve o no, llegando a ser capaces de vaciarte el pensamiento cuando te quedas observándolas, de manera similar a esa calma hueca a la que logran llevarte las llamas de un buen fuego de leña.

Y no solo será que te fascinen las que produce la propia Naturaleza. También e incluso más, las que humanamente fueron trabajadas. Piedras que, por cuantas manos, desde hace millones de años, habrán sido laboradas para construir refugios donde cobijarse, para calentarlos y hacerlos habitables, o bien para parcelar tierras o campos; como utensilios, como armas, como asientos, como pilares…..
Aquellas que fueron labradas para satisfacer a los Dioses, o quizás para conocer cuando eran los solsticios y así celebrar el poder de tan bello astro en la Tierra.
Las que tallaron en otras formas persiguiendo el crear arte, o las que creamos con imágenes capturándolas desde diferentes perspectivas en un intento por conseguir belleza.
O simplemente, las que por su pequeño tamaño, son usadas para traerse un trocito de esa tierra tuya tan hermosa.

A.

DSCN3908DSCN3644DSCN3914DSCN3947DSCN3865fullsizeoutput_e41DSCN3616DSCN3731DSCN3739DSCN3629DSCN3737fullsizeoutput_e3fDSCN3905RSCN3895DSCN3784DSCN3783DSCN3725fullsizeoutput_e64fullsizeoutput_e63DSCN3571

Playa de la Media Luna

Playa en el Parque Natural de Cabo de Gata.

Se podría llamar también La Playa Desnuda.

Y es que, afortunadamente, está desprovista de urbanizaciones cercanas, de chiringuitos, o de caminos o accesos que no sean los que formen entre sí las pequeñas dunas de arena blanca que conforman el paisaje que llega hasta ella. Para preservarla de los que podrían no respetarla, no dejan ni que los coches aparquen cerca, lo que conviene respetar porque multan.

En su paseo hacia su margen derecho te encuentras con uno de sus dos límites, una formación rocosa en la que habita un vigilante eterno, un vigilante de piedra con la mirada puesta en el mar; un hombre que, quizás al llegar, un día de su vida, a aquella preciosa playa, fue que deseara tanto el poder quedarse allí con ella, que el deseo le fue concedido y, a causa de ello, se convirtió en piedra.
Ya contemplada su cara y disfrutado ese hundir de pies en la arena que queda libre entre las rocas, nos queda un paseo por una refrescante orilla hasta su límite izquierdo, aquel en el que el mar quiso esculpir en las rocas la media luna que da sentido a su hermoso nombre.

En días en los que el viento sopla desde la mar, su agua fría y sus olas son capaces de despertar hasta el último sentido que anida en ti.

Y es que con su agua salada que todo lo cura, pienso que es un lugar para amar.

A.

Playa de Portizuelo

Cala rocosa junto a Luarca, Asturias.
Se transforma dependiendo de la temperatura de la luz que sobre ella incida, y de donde la mires, si es en dirección al mar, a los acantilados que la definen o a la tierra a la que el agua saluda.
A la caída de la tarde, con un cielo nublado y de cara a la mar, un tono azul grisáceo la tiñe a modo de envoltura. Resulta espectacular el juego que hace este tono con las diferentes texturas, como si con la marea llena, el color del agua se hubiese quedado impresa en sus piedras.
Con la retina puesta en los acantilados, será que vuelvan los tonos terrosos, y en el camino de vuelta, será que la huella de la erosión del mar vista las rocas de tonos verdes, óxidos y negros, a los pies de una naturaleza abrupta, salvajemente bella y colorida.

A.

 

Playa de Castelejo

 

Al caer la tarde, entre la bruma, luces y sombras juegan sobre la arena mojada que  regala la marea baja. Piedras modeladas por un mar de grandes olas; vida preciada habitando en ellas. Miles de tonos entre grises y ocres y, entre ellos, el verde del liquen vistiendo de fantasía marina las rocas que más tiempo tocan sus aguas.
Alma salvaje.

DSCN2135IMG_3605DSCN2157