Verona

A colorful canvas, a palette with earthy tones. Sienna, ochre and terracotta; venetian blinds in different shades of green, peeling walls, rust and stone. This is Verona, a city with patina, with an old flavor. Even the Adige River is dyed with pebbles and clay.

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It’s warm and bustling, it smells like risotto, Amarone and pecorino.
Romantic and tragic for its Romeo and Juliet, its Arena amphitheater evokes epic literature. Superb and solid, it dresses you in its sword and shield as soon as you sit down.

Eternal as the stones that make it up, I was seduced by its Ponte di Castelvecchio, the old one with its reddish battlements; the stories recorder on its walls and others are in closed inside them. Its Ponte Pietra, and its Duomo dulling in its elevation, whose lighthouse illuminates the city. The Piazza delle Erbe -which has beautiful even in its name-, a place full of history and life, which you have to keep in your mind.

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I liked your legends, much more those hanging of possible whale bones than those touching bronze breasts, looking for eternal love. I left without touching them and I arrived there without a partner, but even though I’m left with no one to love me, it’s enough for me to have fallen in love with you. So I assure you I will return.

You taste like pen and verse,
you dress me in silk,
you nourish me with velvet.

With a long braid you draw my back
and, in a glass of wine, you bring me desire.
With my eyes on your beauty,
between your stones,
Im trapped.

A.

Verona

Un lienzo de colores, una paleta en tonos tierra. Sienas, ocres y terracotas; persianas venecianas en distintos tonos de verdes, muros desconchados, óxido y piedra. Así es Verona, una ciudad con pátina, con sabor a antiguo. Hasta a su río Adigio lo tintan los guijarros y la arcilla.

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Es cálida y bulliciosa, huele a risotto, Amarone y pecorino.
Romántica y trágica por su Romeo y Julieta, te lleva más a lo épico su anfiteatro Arena. Soberbio y sólido, te coloca la espada y el escudo en cuanto allí te sientas.

Eterna como las piedras que le dan forma, me ha seducido su Ponte di Castelvecchio, el del viejo castillo con sus rojizas almenas; las historias grabadas en sus muros, las que por dentro encierra.  Su Ponte Pietra, y su Duomo, despuntando en su alzado, cual faro que iluminase la ciudad. La Piazza delle Erbe, que tiene bonito hasta el nombre, siendo un lugar lleno de vida, de los que hay que guardar en la retina.

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Me gustaron tus leyendas. Más, las que de los huesos de posibles ballenas cuelgan, que las que tocan pechos de bronce en busca del amor eterno. Me fui de allí sin tocarlo y allá llegué sin pareja pero, pese a que me quede sin alguien que me quiera, me basta con haberme enamorado de ti, por lo que te aseguro mi vuelta.

Me sabes a pluma y a verso,
me vistes de seda,
me abrigas con terciopelo.
Con larga trenza defines mi espalda
y en copa de vino me traes al deseo.
Con la mirada en tu belleza,
entre tus piedras, atrapada quedo.

A.

Sentirse amado

Dos seres imperfectos en busca de la felicidad, eso bien podríamos ser tú y yo, cargando mochilas que, de vez en cuando, nos gustaría dejar olvidadas en cualquier parque. Pero, a por las que volveríamos sin ningún tipo de dudas, por no poderle ser infiel a nuestra propia impronta.

Porque, ¿cómo poder abandonar todo lo que se ha vivido?

Y, en este punto en el cual ya no puedo vivir sin mí, mi imperfección se encuentra con la tuya y se tiemblan la una en las manos de la otra, como las hojas de los árboles bailando en la tormenta. Se recuerda la locura que se ha perdido, pero también se anhela.

Se teme a otra herida, a otro posible fracaso. Se huye del dolor emocional pero aún se percibe lo que era el deseo de amar y de ser amado. Un deseo que se resbala entre las yemas de mis dedos mientras lo atraigo con la memoria.

Y, mientras me acaricio, me invade la necesidad de sentirme de nuevo viva. Me tienta la curiosidad de saber qué podría pasar entre dos seres imperfectos. Hermosamente imperfectos, torpes e inseguros. Un hombre y una mujer de mediana edad, dos personas cualesquiera de este mundo.

A.

To be loved

Two imperfect beings, that could be you and me, carrying backpacks that we would like to forget in any park, one of those days. But, for which we would return without doubts not being able to be unfaithful to ourselves.

Because, how can you leave behind everything you’ve lived?

And, at this point in which I cannot be without myself, my imperfection meets with yours and they tremble each in others hands, like the branches of the trees dancing in a storm. You remember the madness that you had missed, but also long for it.
And another wound is feared, a possible failure. Your dread the emotional pain but you still feel the desire to love and be loved. A desire that slips between the tips of my fingers while I am attracting it with my memory.

And while I caress myself, the necessity to feel alive again takes hold of me. I am tempted to know what could happen between two imperfect beings. Beautifully imperfect, clumsy and insecure. A middle age woman and man, two simple people in this world.

A.

Lago di Garda

Y llegué a Malcesine, pueblo pesquero, colorido y bullicioso en el Lago di Garda, y me quise quedar para siempre en este viejo pantalán, al ritmo del agua golpeteando las maderas que lo sustentaban, con la paz escrita en el rostro.


Rodeada de intensos tonos azules moldeados por la luz del día y con una bruma al caer la tarde que te va desmarcando las siluetas de las montañas que lo rodean, como si se fueran perdiendo en el horizonte, de una en una ante ti, convirtiendo en mágico el  paisaje.

A la mañana siguiente me fui hasta Riva del Garda, otro pueblo precioso en el norte del lago. Allí me hice un recorrido a pie por la carretera antigua, paralela al lago por las montañas, que va hacia Pregasina, un pequeño lugar al que te alegras de llegar por ser la meta de un camino y, también, por la necesidad de recargar energía antes de la necesaria vuelta. Repetiría de nuevo por la inmensidad de su paisaje. Simplemente, maravilloso.

Otro sitio para quedarse ¿Me dará la vida para tanto?

A.

San Giorgio di Valpolicella

No sabía de este lugar, no lo tenía planificado en ninguna de mis rutas. Me imagino cuantos sitios así te llegas a perder cuando viajas, pero, porque soy muy curiosa y me encanta preguntar al que se tercie,  tuve una charla llena de buenas recomendaciones con el chico que me alquiló la casa, cosa que le agradezco en el alma, por si acaso me lee.

Así, y dentro de la filosofía de abarcar menos pero conocer mejor, cambié parte de mi plan y me fui para San Giorgio di Valpolicella. Es ésta una parte de la localidad de Sant’ Ambrogio, di Valpolicella también, zona de buenos vinos dentro de la región del Véneto, Italia.
Según me contó este chico, Denis, toda la piedra que se utilizó para construir la bella Verona salió de allí mismo, y como dato curioso, me insistió en que me fijara en las puertas de su iglesia porque eran de piedra.
Y, vaya que si lo eran, ¡enormes y lisas como lápidas mortuorias!
Me quedé con la duda de si alguna vez las abrirán y cómo, pero, por lo menos, pude entrar  en ella por el lateral y fue hermoso verla iluminada tan sólo por la tenue luz que entraba por un rosetón, y por las velas que le tenían encendidas a su Virgen.

Fue un día hermoso de tormenta y también de Sol, de piedra- toda la localidad es de este material -, de viñedos- los de Valpolicella -, y de unos ñoquis caseros con trufa y queso del lugar, para haberse quedado allí, toda la vida, en aquella mesa, bajo la parra y el cielo del Véneto.