París

La ciudad de los mil viajes

¿Cómo no ir a París tantas veces como uno pueda?
No tuve la suerte de conocerla hasta que cumplí los cuarenta pero, desde entonces, ya he estado en varias ocasiones y las que me quedan. La última, el año pasado. Tuve la inmensa suerte de ser invitada por mi buen amigo Jerry.

Cuando descubrimos un lugar al que nunca fuimos antes nos invade el afán de la conquista, el no perdernos nada de la fama que le precede, de la historia e ilustraciones sobre el mismo, de lo que otros nos contaron…Todo nos lleva directamente a lo monumental, a lo majestuoso, perdiéndonos el latido de los que allí habitan: sus barrios, sus diferencias culturales y sus costumbres. No nos queda tiempo para observar un día cualquiera de sus vidas. A no ser que te quedes bastantes días, esto lo aprendes a hacer en segundas ocasiones y es una delicia. Mi corta experiencia me aleja ya de grandes colas, me invita a dar un paso atrás para ver mejor. Me incita a recorrer los lugares sin prisas, hasta donde llegue, y a empaparme de la vida que circula a mi alrededor. También adoro asomarme discretamente por los huecos…

En esta ocasión, tuve la suerte de conocer museos como el de Marmottan, Rosen o el curioso Cluny, de arte medieval, con las explicaciones de Jerry que sabe de todo sobre pintura y escultura. También descubrí lugares con encanto como la impresionante Église de St Eustache, en Les Halles, o la encantadora librería Shaskpeare & Co, en Rive Gauche, en la que la segunda planta tiene rincones muy especiales donde poder leer lo que se te antoje de la colección de libros de segunda mano que poseen y que no puedes adquirir. Por cierto, un lugar en el que está prohibido hacer fotografías lo que me parece que ayuda a conservar el charme que tiene.
Pequeños hallazgos que surgieron de una conexión más íntima con la ciudad, de otra forma más pausada de vivirla. Y hablando de conexiones, aunque París hay que andarla, hay tramos de metro que te muestran lo variopinta que es esta ciudad. No es raro que el que se siente frente a ti vista abrigo de pieles con botas blancas de punta y gafas de esquiar — puestas— y que te mire fijamente como si tú fueras el extraterrestre. La vida subterránea dice mucho de la gente que arriba la habita.

Por supuesto, hay cosas que nunca te puedes perder si vas a París. Es imposible no querer sentir de nuevo su latido espiritual, la Cathédrale Notre-Dame, ni ir a ver la belleza su torre vigía. Tuvimos la enorme suerte de disfrutar del espectacular ábside de la primera, antes de su fatídico incendio, aunque no me parase esta vez a fotografiarla.

En este viaje, sí hice míos los puentes de París recorriendo parte de las riberas del Sena hasta quedarnos sin piernas, la inigualable Tour Eiffel y Montmartre, la encantadora colina desde donde vi el amanecer, los tejados de la ciudad y el anochecer.

Te lo cuento en secreto…

Descubrimientos encantadores

St Eustache, Les Halles, con 35,45m de altura en la bóveda. Un lugar donde sentirse en paz.

Librería Shakespeare & Co en el nº37 de la calle Bûcherie

“Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise”

Escrito en una pared de la librería

Ponts de Paris

P

Pasarela Léopold Sédar-Senghor

O

N

Pont Royal, el tercero más antiguo

T

Passarelle des Arts,
se llama así por el Louvre cuyo antiguo nombre era Palais des Arts.

S

Pont de Sally,
en realidad son dos ya que la estructura se apoya en un punto en la Île-Saint-Louis.

D

E

P

A

Pont Neuf, el puente de piedra más antiguo de París cruzando el Sena.

R

I

Pont Concordia con el Grand Palais detrás

S

Pont Alexandre III, estilo Beaux Arts

La Tour Eiffel

Recorrimos toda una tarde Les champs Mars sin perder de vista la torre vigía. Nos sentamos en un banco y observamos la vida pasar bajo aquella impresionante figura y luego, nos confesamos seducidos por su capacidad para alimentar los sueños y los deseos.


Montmartre

Mi trocito de mundo dentro de París y alejada de mi tierra donde me siento Amélie y en el único sitio en el que me cortaría el flequillo. En el lugar en el que siempre necesito mi tiempo para estar conmigo. Así, mientras Jerry decidió seguir visitando museos, yo paseé hasta Sacré Coeur. Me emocioné buscando la luz de la mañana sobre los tejados de París y deambulé por la bendita Place du Tertre imaginándola en blanco y negro, muchos años atrás.

Place du Tertre

¿Sabes que si en Montmartre pides un deseo se te cumple?

Entré en sus tiendas y me regalé un capricho. Disfruté oliendo su repostería recién hecha. Pequé. Subí y bajé por sus interminables escaleras hasta que tuve de nuevo hambre y me senté en un bareto de esos en los que te ponen el vino en vasos pequeños. Saboreé una ensalada con varios tipos de queso y pequé de nuevo con otra tarta Tatín. Regresé con el azúcar a modo de encurtidos metidos en los huecos de mi cintura.

Y volví a subir para disfrutar de una de las mejores puestas de sol de mi vida.

Soldevillaa

2 respuestas a “París

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