Lago di Garda

Y llegué a Malcesine, pueblo pesquero, colorido y bullicioso en el Lago di Garda, y me quise quedar para siempre en este viejo pantalán, al ritmo del agua golpeteando las maderas que lo sustentaban, con la paz escrita en el rostro.


Rodeada de intensos tonos azules moldeados por la luz del día y con una bruma al caer la tarde que te va desmarcando las siluetas de las montañas que lo rodean, como si se fueran perdiendo en el horizonte, de una en una ante ti, convirtiendo en mágico el  paisaje.

A la mañana siguiente me fui hasta Riva del Garda, otro pueblo precioso en el norte del lago. Allí me hice un recorrido a pie por la carretera antigua, paralela al lago por las montañas, que va hacia Pregasina, un pequeño lugar al que te alegras de llegar por ser la meta de un camino y, también, por la necesidad de recargar energía antes de la necesaria vuelta. Repetiría de nuevo por la inmensidad de su paisaje. Simplemente, maravilloso.

Otro sitio para quedarse ¿Me dará la vida para tanto?

A.

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