Mantua, una ciudad entre lagos

Cuando decido hacer un viaje a un destino, el Google maps satélite se convierte en mi herramienta preferida para buscar los sitios que me apetece conocer. Esa primera mirada a vista de pájaro es la que me lleva a decidir. Luego, busco toda la información que puedo sobre el lugar o los lugares elegidos, y cuando por fin llego, entonces me equivoco de ruta o pierdo el papel donde llevaba de todo apuntado, y me dejo sorprender, por los mismos, en un juego de seducción que me tiene todo el día sonriendo.
¡Qué le vamos a hacer, así soy yo!
También influyen en las variables, y bastante, los tiempos en los que transcurren los recorridos: esas malditas horas que no deberían ser de visita porque la luz excesiva y el calor le mata la expresividad a todo, al igual que nos convierte en penitentes a los que por allí estamos, en busca y captura de alguna sombra donde cerrar compuertas.
Pero no puede ser todo perfecto, llegando a la hermosa Mantua a las 3 de la tarde de un 21 de agosto, con un calor exactamente igual que del que salí huyendo de mi amada Sevilla.
Tuve buena intuición y me fui primero a las afueras de la ciudad para visitar el Palazzo del Té, en donde busqué los exteriores, el camino hacia el verde, y en el que encontré unos buenos árboles y un banco en el que sentarme a reposar el entusiasmo aún desubicado que llevaba.
Había llegado a Mantua, mi ciudad elegida, la del poeta Virgilio, la fuente de inspiración de muchos célebres escritores. Quería pasearla, fotografiarla y esperar su mejor luz aunque eso me hiciera llegar tarde a Verona, donde me esperaban a una hora determinada el alojamiento y su dueño.
Y me he quedado con muchas ganas, pero así y todo, y a pesar del calor, de las obras que afeaban la ciudad, de mis nervios iniciales estropeando la dulce concentración, pude disfrutarla.
Es Renacimiento puro, rodeada por tres lagos artificiales que en su tiempo le hicieran por defensa, pero que ahora le aporta una belleza inmensa por parecer una ciudad que saliera de entre las aguas. No quiero ni pensar qué tiene que ser recorrerla a primera
hora de la mañana con el Sol naciendo….
Terminé, como había leído en comentarios de otros que antes fueron, en la orilla bonita de su entrada por el Norte. Allá que iba, ya con el tiempo corriendo en mi contra, pero con la fábula de la profetisa Mantova en la cabeza y con la intención de beber de las aguas del lago, en ese querer creer que se hicieron con sus lágrimas y no como cuenta la otra Historia, la seria. Además me habría encantado haber adquirido poderes proféticos, pero había gente en el lugar y estas rarezas mías me gusta hacerlas en soledad.
Lo que no he podido evitar es cargarme la obra que la afeaba tanto, por lo que hay truco en la fotografía que desde allí tomé de ella, por el que pido perdón, siendo la razón de que le haya puesto de nombre: mi Mantua. No tenía tiempo para buscar otra perspectiva en la que no salieran las obras, por lo que otra vez será que tenga que ir a verla. Sin prisas, sin calor, sin éstas y a las horas donde con la fotografía encuentre el total disfrute.
Mi Mantua
Hasta otra, Mantua!
Pd. Me perdí de nuevo y llegué tarde a Verona. Creo que en el fondo me gusta perderme.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s