Por la mañana

Que gusto cuando el cuerpo
se queda sin voluntad
para abandonar la cama.

Culpita tiene la suave brisa
que entra por la ventana,
la que el estío permite
hasta que joda la brasa.

La que se va columpiando
del pelo hasta los pies,
sin prisa ni pausa,
mientras por dentro suplicas
que no pare tanto placer
que trajo la mañana.

A.

 

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