Que se pare el Mundo

Que se pare el mundo, que yo me bajo….
Cuantas veces he podido escuchar o leer esta frase, la que ahora me gustaría que hasta fuese mía.

Y es que… cuanta hartura de violencia tengo en lo alto. Cuanto delirio, cuando odio, cuantos rostros poseídos por la ira en aras de la paz, de la igualdad, pululando por todas partes. Cuanta defensa reclamada a golpe de ruidos, que no de palabras o de educación.

Hace tiempo que resulta tétrico ver la televisión, leer la prensa o pasearse por las redes sociales. Esto último, especialmente, es devastador: un linchamiento tras otro.

Hombres contra mujeres,
mujeres contra hombres.
Hombres contra hombres,
mujeres contra mujeres.
Hombres contra niños,
mujeres contra niños.
Jóvenes contra jóvenes,
jóvenes contra mayores…

La puta ley del más fuerte sofocando al que le resulta más débil.

Cuanta mierda nos baña mientras nos sentimos héroes tras una pancarta o un twitter, tras el teclado de un simple móvil o el de un ordenador. Cuantas bombas se detonan a diario a golpe de dedo, de nuestros dedos……
Y es que nos creemos con poder,  sin darnos cuenta de la magnitud de la manipulación que nos maneja. Y ahí seguimos, como burros con orejeras, arre que arre.

Hoy me planto antes de ahogarme en la verdad que me escuece. Porque, me siento tan vacía, tan frágil y vulnerable como la escarcha expuesta al Sol, y no tengo pudor en vomitarlo porque es lo primero que hay que hacer si se quiere arreglar algo: sacarse las tripas y analizarlas. Quizás, para muchos sea etiquetada como una pop del movimiento que les venga en gana, una ilusa, no me importa: sé lo que soy y lo que aprendí de lo vivido, y lo que me gustaría seguir aprendiendo. Pero ahora, lamparía porque nos viésemos todos en un sólo espejo, provistos con la nada, desnudos, sin sexo, sin edad, sin músculos, sin odio, sin coraza, sin veneno. Quizás con la descarnada imagen de un niño muerto entre mantas en el maletero de un coche, sintiendo que el mundo se nos va al carajo.

Y si todo este viento que vino a doblarnos sirviera para llevarse tantas y tantas banderas, las de unos y las de otros, las que trazan fronteras en el mismísimo pensamiento. Y si fue que el agua vino a lavarnos los colores, tantos rasgos que creemos nos diferencian, para dejarnos desnudos en nuestra propia estupidez. Y si el mar violento no fuera otra cosa que el eco de nuestra propia agresividad…..

El día que nos unamos todos para dar un sólo grito. Uno escrito de palabras aprendidas, de cultura exigida. El día que tengamos hambre de conocimiento….
Ese día nuestro mundo sí será más libre, mas igualitario, con menos violencia. Porque, la cultura es la que deshace los miedos, la que construye caminos, la que reconcilia a la humanidad.

Y mientras, en este mismo mundo por el que andamos a empujones, es que sigue Siria plagada de miradas huecas, prohibidas de niñez. Cuanto dolor mecido sobre otras carnes muertas…
Es que siguen y aumentan los velos cubriendo rostros, minando cerebros que bien podrían hacer de este mundo un lugar mejor. Siguen los mercados de carne, las vejaciones, el más absoluto desprecio por el ser humano. Las leyes imperantes, los líderes que necesitan sentirse Dioses, los juegos perversos de manipulación.
Y ante todo esto, no quiero dejar de ser consciente de que vivo en el lado bueno, a pesar de todo lo que aún debe de solucionarse, agradeciendo todo lo que otros lucharon por que ahora así sea. Un lugar donde puedo decidir, donde puedo elegir, donde puedo equivocarme. Un lugar donde puedo luchar pero con respeto y exigiendo por ello, el mismo respeto para mí.

Hoy fue que salí de casa y que, justo enfrente, hiciera la foto que encabeza esta necesidad que tuve de regurgitar palabras…
Tan sólo es un trozo de tierra quemada y un sofá viejo y abandonado, pero bien podría parecer el escenario de un posible futuro nuestro. Una tierra devastada por una virulencia sin sentido que no quiso ser parada. Un asiento que, debiendo ser para la risa, para la charla o el amor, fue que se quedó lleno de nada….

Que se pare el mundo, que inspire pensando en exhalar más amor, que no quisiera bajarme….

A.

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