Y sin embargo, te quiero

Los miedos me ladran, algo andan buscando.
Lo sé porque me doblo como el árbol cuando enferma,
al quedarse sin tierra ni abono,

Querrán carnaza del dolor que me supone
el quitarme de tu amamantado abrazo.
Porque, dejarte ir me duele que me raja.
Es más, maldigo las razones que me llevan
a este necesario desapego,
pero es que sólo me sale amarte como creo.

Quizás no pienses que, mientras tú le temes
a un nuevo aire que te mueva,
yo sin ti será que me quede al descubierto,
por lo que ambas estaremos a merced del viento.
Que, mientras te puedas sentir desnuda ante la vida,
pareciéndote no poder sobrevivir a tanto desamparo,
yo me quedaré hueca hablándole al vacío.
Porque la vida nunca termina de ser una prueba,
pero ahora te toca empezar un hermoso duelo
en el que yo ya no entro ni salgo.

Ojalá, algún día, comprendas la necesidad
que tuve de provocarte este desapego.
Ojalá, algún día, sientas la generosidad que hay
en aquel que se quita, en el que suelta.
Aquel que piensa que el amor no es propiedad de nadie,
y menos del que de uno nace.

A.

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