Mi credo

Mi alma es femenina y mi cuerpo también. Tuve la suerte de nacer con unos pechos más abultados que los tuyos y con la anatomía sexual que le correspondía a mi forma de sentir.

Mi corazón es sensible a los sentimientos en un recorrido largo. Con esto no digo que no lo seas también tú, pero quizás, a ti te dure el pálpito tanto como te dura un orgasmo, – igual que a mí, dirás tú-, pero es que mi femenino orgasmo es mucho más largo que el tuyo, aunque no puedas soportarlo.
Y aunque no entiendas aún de qué te estoy hablando, no es de otra cosa que lo que nos diferencia, lo que tantas veces nos une con el deseo y que luego nos mata el ego, ese que anda mal repartido entre cruces y flechas.
Porque nosotras nos vinimos arriba para intentar ajustar las cuentas en el placer de ser y estar, pero muchos de vosotros es que seguís en plan conquistador, sin otorgarnos cuota por si acaso os pudiera salir sombra. Con la mirada fija en el propio pecho y sin mirar para atrás. Que no os quiten lo bailao, como se dice por el sur, mientras nosotras estamos en un continuo estar demostrando lo que somos capaces de hacer y deshacer.
Pero nunca olvides eso de que aprendimos a andar con tacones y ahora sabemos bailar hasta con los pies descalzos. Así se nos deformen los dedos que seguimos y seguimos caminando. Por lo que te aseguro que,  aunque me sea todo más difícil, tanto en el amor como en el trabajo, mi naturaleza me llevará una y otra vez a reinventarme. Prueba si no te lo terminas de creer y dame un ovillo, por ejemplo, que te lo convierto en una hermosa flor.
El problema es que son demasiadas las que aún no creen en ellas, tantas, que entre tus filas suman demasiados los que gustan de secarles las venas. Y mientras fuera que nos quedásemos en el plano del hacer, no habría otra que seguir bombeando más rápido para que nunca la voz se nos callara. Pero, los que no perdonan nuestro ser y estar, aquellos que se empeñan en ahogar lo que no soportan que sea libre, fuerte y bonito, los que juegan con el amor para terminar enterrándote, esos dan tanto miedo que hasta necesitaría que tú también renegaras de ellos como parte de los tuyos, sabiendo que no seguiría siendo suficiente.
Porque para acabar con una plaga no es suficiente con quitar los bichos, también hay que quitar la mala hierba que quedó, sanear y renovar entera la tierra.
Por lo que aquí es que paro de hablar contigo, porque también me toca recordarle algo a mis entendederas, siendo aquí que vaya el credo de mi propia lucha.
Siempre sopla aire fresco que refuerce el pensamiento,
que me erice el pecho en pos del simple orgullo de ser.
Libros llenos de conocimientos que serán mi coraza,
un corazón que me haga exigir el respeto
y valentía para seguir alzando la voz cuando tenga que alzarla.
 
Amor propio que me aleje de aquel que no viene de frente,
y respeto para ser libre sin oprimir a los demás.
Capacidad para querer sin necesitar,
porque la belleza la encontraré cuando ame queriendo.
A.

3 respuestas a “Mi credo

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