Vera

Me pesa demasiado el silencio que hay en casa. Esta soledad que siento ahora mismo, me duele.

No sonaron sus pisadas sobre el parquet cuando abrí la puerta de casa. No vi su sonrisa tampoco, aquella con la que te enseñaba de manera cómica los dientes. Y es que no paraba de obsequiarte con requiebros hasta que no la saludabas en condiciones, porque para eso es que siempre te estaba esperando. Sin agobiarte, sin pedirte cuentas sobre tu tiempo, sin exigirte más que unas simples palmadas en el lomo y un buen achuchón cuando llegaras a casa.
Me late el vacío en los oídos, como si fuese un zumbido hueco. Hasta parece que los perros de la vecindad se hayan enterado de su muerte…..no suena ladrido alguno.
Vera, mi perra pastora, mi compañera durante once años, siempre a mi vera. La que, desde su condición de animal, me ayudó a conciliarme con la soledad. La que nunca me dijo que no a nada que le propusiera. La que siempre me perdonaba los errores. La que sabía de mi dolor a la vez que yo, quedándose siempre a mi lado como si fuera el guardián de mis penas.
La que aguantaba estoicamente mi aburrimiento, dejándose hacer todas las tonterías que me inventaba para provocarnos a ambas la risa. Porque, como ya he dicho antes, ella también se reía.
Eras única posando para la cámara, jugando al escondite… Eras cómica, inteligente y celosa reclamando el cariño que considerabas merecerte. Nos hacías feliz fácilmente y eso te encantaba.
Tu mirada se me queda clavada en el alma, esa forma de hablarme que te gastabas con ella, diciéndomelo todo, sin decirme nada.
Tan sólo me consuela el saber que no has tenido que sufrir mucho antes de tenerte que marchar y espero que, por lo menos,  te haya reconfortado en algo mi consuelo.
Gracias por todos los años que hemos podido disfrutarte y por regalarnos tanto amor desinteresado. Es duro haberte perdido pero más triste habría sido el no haber tenido tu amor perruno.
En mi te quedas, mi Vera.
A.

2 respuestas a “Vera

  1. Querida Amparo, lo siento mucho y te lo digo abrazado a Guasa, mi compañero de soledades y juegos. Vera, Guasa y todos esos animales que nos hacen mejores, mas sensibles e inteligentes, son un regalo que nos permiten comprender que no somos la punta de la pirámide, sino parte de un todo. Un beso mio y un lametón de Guasa. He creído entender en sus ojos que decía, dile a Amparo que volverá a encontrarse con ella.

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