Aquí y ahora

Aquí estoy, en el silencio de un tiempo de soledad elegido, en el que ando ordenando sentimientos e intentando comprender comportamientos que siempre me sorprenderán por no entenderlos.

Y en el eco sosegado de esta soledad que me envuelve -un estado que a lo largo de mi vida me persigue aunque nunca fuera que la quisiera a modo de compañera-, es que piense que la tenga por no aceptar, en la misma manera, el enorme vacío que produce el sentirla junto a alguien.

Esa fue la razón implícita por la que me divorcié del que fuese mi marido durante veintiséis años de mi vida: un gran abismo instalado entre los dos, un enorme vacío por donde silbaba el incómodo silencio que produce tanta comunicación tardía, tantas excusas posteriores fuera de contexto, y tanta mentira de la mano de la incomprensión, todo anunciando la llegada de lo absurdo de una convivencia que se supone fue elegida.

Tras tantos años de un no saber hacerlo, fue que intentara aprender de los errores, que sacudiera lo que no estaba entre mis raíces y que me quedara con lo bueno, con lo que, de seguro, me había enriquecido también.
Y en este empinado camino que resulta ser el de recomponerse, fue que tuviera la necesidad de volver a ser amada, de sentir el roce de otra piel y el más que agradable descanso en la dura escalada. Pero, no tuve la suerte de encontrar quien estuviera en un similar camino o quien quisiera simplemente aguantar el mío, y siendo demasiado vulnerable para un práctico roce casual, tuve dos traspiés de los que se traen consigo al mismísimo firmamento de estrellas.

Por lo que, en un intento por olvidarme del sentir que necesita la mujer que ama, me hice adicta de la escoba que no sólo la casa barre. Así fue que, con ella de la mano y hueca de todo tipo de amor que no fuera el maternal y el que va para los míos, me concentrara en sacar adelante a mi familia. Me centré en lo práctico robotizando cualquier tipo de capacidad, como un producto que se procesa a lo largo de una cinta mecánica, de manera monótona pero segura, por fases, para así poder remontar la debilitada zona de confort que nos quedó tras el duro proceso que vivimos. No había espacio para más dolor.

Así he vivido varios años, refugiada en el cotidiano trabajo en el que conseguía la protección y en el que me olvidaba de mis propios vacíos. Y aunque fueron muchos los momentos en los que éstos se asomaban como agua de sal, por las cuencas de mis ojos o a través de mis poros, sería que aguantara el embiste hasta que la vida quiso darnos un nuevo chance. Finalmente, se resolvieron muchos de los problemas y con ello llegó de nuevo la tranquilidad. Y de su mano, ese sosiego en el que empecé a sentir mi propia necesidad, queriendo de nuevo aliarme con el disfrute.

El disfrute por seguir creciendo como persona, desde la querencia que no desde la necesidad; el volver a buscar mi sensibilidad artística, la pasión por crear.
Así, me fui a conocer mundo conmigo de la mano, dejando volar a la imaginación, y recuperando la capacidad de mover mi alma y mi cuerpo en sus olvidadas hechuras flamencas.
Aceptando ya mi soledad como mujer, decidí reencontrarme con ese ser que vive en mí, un ser imperfecto, poco instruido de manera formal, pero con una bomba de energía en su interior que no ceja en su empeño, por ser su particular forma de comunicarse con el mundo.

Y aunque he vuelto a caer, no habiendo sido capaz de negarle el amor al que viene de manera esquinada, a aquel, que a modo de antesala, estudia primero por donde puede entrar a depredar emociones en un flaco intento por llenar su propia complacencia, será que siga levantándome, que encuentre de nuevo ese sosiego que me procuro yo misma, dejando que el viento me llegue a la cara y que juegue libre con mi pelo.

Porque nunca dejaré de ser como soy, nunca ahogaré mi sensibilidad ni mis sentimientos más allá del tiempo que necesiten para sacudirse de lo que le resultó dañino. Seguiré yendo de frente, feliz con mis carencias y con mi sentir. Seguiré aprendiendo y soltando palabras por entre mis dedos, en esta necesidad que me persigue.
Pero, por encima de todo, seguiré amando a todo lo que a mi alrededor respire aunque mi íntima compañera sea la soledad, y mientras sea que alguien se cruce en mi camino ajeno a una necesidad de querer, sino con un amor que lleve escrito mi nombre, de una manera sencilla y clara, será que siga durmiendo en la mitad de la cama, viviendo asentada en mis chacras, ahí donde encuentro el sosiego y la paz que me llevan a la felicidad.

A.

2 respuestas a “Aquí y ahora

  1. Te contesto con los últimos versos de un poema recién escrito, nuestra vida depende de la felicidad que sintamos por nosotros mismos, sin dependencias, lo demás viene o no viene, pero si llega cuando tú eres feliz “per se”, la felicidad será éxtasis.

    Y, sin temer lo cierto,
    deambularé sin fin
    por los caminos rojos
    con los ojos del lince,
    y la pluma del poeta,
    con la sed del alcohólico
    y en los oídos trinando
    el canto de los pájaros.

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