Playa de Portizuelo

Cala rocosa junto a Luarca, Asturias.
Se transforma dependiendo de la temperatura de la luz que sobre ella incida, y de donde la mires, si es en dirección al mar, a los acantilados que la definen o a la tierra a la que el agua saluda.
A la caída de la tarde, con un cielo nublado y de cara a la mar, un tono azul grisáceo la tiñe a modo de envoltura. Resulta espectacular el juego que hace este tono con las diferentes texturas, como si con la marea llena, el color del agua se hubiese quedado impresa en sus piedras.
Con la retina puesta en los acantilados, será que vuelvan los tonos terrosos, y en el camino de vuelta, será que la huella de la erosión del mar vista las rocas de tonos verdes, óxidos y negros, a los pies de una naturaleza abrupta, salvajemente bella y colorida.

A.

 

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