Cómo me alegro por ti, amiga

Cómo me alegro por ti, amiga.
Con tus noticias fue que el rictus se me acomodó en una eterna sonrisa, a pesar del cansancio que me viste en este último mes.

Qué contenta me puso el saber sobre la ilusión que te corre bajo la piel, de esa manera inesperada y rápida, como si tu entramado venoso se hubiera alimentado con savia nueva a trompicones, y por eso fuera que se te vea tan bonita la cara, tan brillante la mirada….

Cómo me emocionó ese derroche que te gastas de provocada ternura. Tanta fue, que se me contagió, y con ella, esa vulnerabilidad con la que decías que venías cogida del brazo.

Y así, con los sentíos sensibles con los que me dejaste, tan sólo te puedo decir que disfrutes de tu ser y de quién te lo pellizcó de tan tierno deseo.
Que de nada te sirve que le temas ni que le huyas, porque el amor no tiene edad ni cordura, y a ti es a la que ahora requiere. Tan simple, tan bello como tan inquietante, por lo que sacúdete los miedos y déjate querer.

A.

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