Si algo aprendí

Ayer por la mañana me pasaron una entrevista hecha a Forges que trataba sobre ciertas diferencias entre las relaciones de amor y las de la amistad.

Este señor tiene el criterio de que el amor implica una frecuencia de uso derivada de la propia ansiedad que provoca, ya sea por el deseo o por dudas que se crean en la relación, mientras que la amistad, al estar exenta de dicho deseo y por lo visto de dudas también, no está necesitada de dicha frecuencia.

Mi distinto prisma para ver esto me provocó las ganas de escribir sobre la amistad, y no sobre cualquier tipo de amistad, sino sobre la auténtica amistad, que es de la que creo que Forges habla.

Coincido en el criterio que tiene sobre las amistades en las que, a pesar de fuerzas mayores, como pueden ser los condicionantes geográficos que imposibilitan dicha frecuencia, la unión que se hizo en algún momento las mantiene fuertes a pesar de la distancia -entiendo que debido a que el vínculo que se creó fue increíblemente fuerte y bello-. Forges las define como una amistad entre hermanos, una amistad de sangre, ya sea por consanguinidad o no.

Pero, y en esto difiero, creo que cuando la amistad la tienes a tu alcance, hay que hacer el ejercicio de usarla.

El simple hecho de poder disfrutar de un buen amigo o amiga encierra en sí el privilegio que otorga dicha amistad, en base a algo tan simple como el placer que proporciona el cuidado de aquello que nos satisface plenamente. Cuando una bonita amistad se ríe, se llora, se mima, se vive entonces como tal, porque un desuso de la misma la empequeñecería, y por esta simple razón sus raíces se volverían raquíticas, al no tener ninguna fuerza mayor que la justifique.  Al fin y al cabo, aunque exenta de deseo pasional, no deja de ser una relación entre dos personas, una relación que tampoco estará libre de dudas y de confidencias, y que siempre querrá crecer, por lo que hay que abonarla, hay que saber abrazarla.

Esto, en nuestros tiempos de estrés y de días con falta de horas, no es tarea fácil, pero si algo he aprendido en la vida es a valorar intensamente este tipo de relaciones humanas.
Una simple cerveza con un amigo o amiga al final de la jornada; un abrazo cálido donde sentir otra piel, unas risas o un tiempo para ejercitar el consuelo con alguien elegido libremente, sin ataduras, con un tipo de amor generoso y pausado, sin ansias o cortejos, con ausencia de la importancia del género….

Puede haber otra forma de relacionarse más inteligente?

Siempre tengo presente a todas esas amistades que estuvieron en los momentos difíciles que por ahora me tocaron vivir. Soy consciente de que, a pesar de las distancias que hoy, de algunos me separan, o de los tiempos demasiado rápidos en los que vivimos, si volviera a caer ahí estarían para cogerme de la mano y ayudar a levantarme. Sé de los hilos invisibles que nos unen a determinadas personas, de su fuerza y de su resistencia. No sería la mujer que hoy soy si hubiera estado exenta de estas personas, pero lo que  también sé es que, de los que disfrutaré plenamente, será de aquellos con los que más sonrisas y lágrimas gaste y desgaste, más experiencias comparta, que enriquezcan y fortalezcan dicha amistad.

En resumen, se disfruta de lo que se vive.

A.

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