Un hilo invisible

Te me colaste por los dedos de los pies, desde mis raíces, engordando la savia que me alimentaba con la tuya.
Así, prendido tu deseo en el mío, tu goce en mis entrañas te devolvía el placer que tanto ansiabas, llegando a ser uno.

No fue sólo sexo, ni mucho menos. Tampoco una conquista, ni mi ánimo ser parte de una recompensa. Fue amor del bueno, del que asusta, del que sale un compromiso.

Un hilo invisible por el que siempre iremos los dos, a pesar de ti, a pesar de mí, a pesar de todo y de nada. A pesar de lo que nos unió, a pesar de lo que ya nos separa.

Indestructible, como el mar que busca la tierra en la orilla. Un lugar donde romper su deseo, una arena abriendo sus poros para respirar el agua salada que la moja, haciéndola maleable, sinuosa, deseable y única….

A.

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