Ni rastro queda

Ni rastro queda en aquella playa desierta,
ni rastro de la desnudez
meciendo al deseo en el agua.
Parece que hasta las conchas
se fueron con la marea,
por no tener ya qué mirar.

Secas de emoción se quedaron las lágrimas
vertidas en el amor que fue compartido.
No nos salarán más el café.

Más, hoy será que me suelte el pelo
para que el aire deshaga los nudos
que le hiciste con tu nombre,
siendo que los lleve donde vive mi olvido.
Porque ya no tendrás hechura en mi piel,
nunca más moverá tu deseo el vuelo de mi traje.

Ni rastro queda en aquella playa desierta.
Como huracán que arrasa por donde va,
la dejaste hueca de manera súbita y necia.

Pero, cuando allá vuelvas
y sé que lo harás,
no podrás evitar recordar
lo que un día fue que acunara el agua,
siendo entonces que la sal te escueza
por tanto que perdiste.

A.

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