La Navidad

La Navidad se me antoja como este gran árbol con tan hermosa hendidura en su tronco. Una hendidura cubierta de un mullido musgo que suavice la entrada en su interior. Porque, si se quiere entrar, debe hacerse desnudo de uno para así poder encontrarse en otros.

Este año buscaré hacerlo de nuevo en mi padre, con todas sus estrellas, las que siempre guardaba para todos. Él era feliz con el musgo, con San José y con la masilla que había que ponerle bajo el pie para darle la estabilidad de la que la estatuilla carecía. Silbaba mientras poníamos el Belén al compás de los buenos villancicos antiguos que sonaban en los discos de vinilo que había en casa, y mascullaba palabrotas cuando se fundía alguna que otra de las lamparillas de colores con las que iluminábamos los escenarios navideños.

No sabía arreglarlas, siendo más apañada mi madre para todo el tema eléctrico que él con toda su bohemia. Y con el tiempo, era curioso ver cómo los cables de las luces navideñas tenían más tiritas que cualquier corazón partío, como las que yo necesito ahora por buscarte en mi melancolía.

Huelo tu abrigo y tu bufanda, y el olor del cuero de tus guantes de todas las veces que agarraron mis manos. Siento mis pies junto a los tuyos pisando las calles que nos llevaban a las tiendas de José Gestoso, en busca de lo que necesitábamos para poder poner, cada año, el árbol o el belén.

Y aquí estoy yo ahora, necesitando encontrarme en tanto amor que te salía, en esta época del año, para hacerlo mío, porque tengo que abonar mi fortaleza.

Voy a pasearme por la Navidad recogiendo estrellas y cuando me llene por dentro los abrigos, me iré al punto más alto que por aquí encuentre y las tiraré como si fueran los dados del destino. Quizás formen un nuevo camino por encima del que se me está resquebrajando. Un sendero de luz cálida por donde no perder mi felicidad.

A.

Boats

Everyone has his own, even Matías has his boat. To cross the inlet, to arrive to the sea. Some of them live in the sand losing water through their holes; others are swaying in the breeze.

When the air is calm they seem to be floating in the middle of nowhere, where they appear upside down. And, when they know you are looking at them, they become big in the game of flirting the water and they play.

A.

Sentirse libre

No puedo moverme. Tengo los ojos abiertos, el pecho me late y tengo tenso al pensamiento, luego sigo existiendo. No me veo ataduras en las manos, nada roto impidiendo el movimiento. Pero me siento anclada, como si algo enorme me tuviera bajo su encierro. Ni verle la forma puedo¿ Será invisible en su poder?
No, no lo es. Yo lo noto y hasta sé lo que es, aun siendo incapaz de no sudar el miedo que ya me está provocando. Pero no me sale el gritarlo, sacarlo de mis adentros como si fuera un simple vómito.

Y mientras sufro esto, me resulta difícil ver cómo te vas alejando con toda la vida que te llevas, sin importarte si de ella formo o no formo parte. Y no lo entiendo, porque ya no quiero seguir varada aquí, esperando que sea de otro el capricho de que me mueva o no por tus aguas.

Quisiera no ser como la barca que se queda anclada en la tierra esperando que hasta ti la lleven o a que tú vuelvas. Necesito ser quien decida cuando tengo que pararme y cuando no. Correr a pecho descubierto hasta que ya no pueda más. Medirme conmigo misma, aunque caiga, y a pesar de no salir victoriosa. Porque un día fui consciente del poder que otorga la libertad elegida y, ahora que de nuevo la perdí, necesito, como esa barca necesita el agua para sentirse viva, soltarme de tanto que, de nuevo, me pesa.

A.

Lovers of life

Sex is sex, just like war is always war. And in war there are winners and losers, just as in sex there are people who really enjoy themselves, those that are evil, and those that are lost. These ones, perhaps many.

People who are looking for arms to feel the heat that makes us feel alive. But are they looking for it from the hand of intelligence? I don’t know. The lost ones tend to harbor fear, and with fear there is no freedom nor sex with intelligence.
The evil ones may believe that they use it, but since their goals are only their self-satisfaction: it is better to let them believe that they are great in their limited sense….they would know!

So, is it there anybody who uses intelligence for mutual enjoyment?
Yes, the lovers of life. Because, they know how to feed the desire of the other skin and therefore, their increasing their own; because, where they put a word, they stop to listen to an answer. Where thy caress, they observe a reaction. Because, when they kiss, they have enough memory to hold the pleasure they are capable of giving. And they give it over and over enjoying how the capacity to feel is nourished.
Having feelings for another, making room for another, sewing the desire with small stitches.

A desire that incites a greater one, an intelligent journey for what they call sex between two. Of course, a game of fabulous pleasure that you could fall in love with.

A.

Barcas

Hasta Matías tiene su barca, cada cual tiene la suya.
Para cruzar la ría, para llegar a la mar.
Algunas viven en la arena perdiendo agua por sus hechuras;
a otras, las mece el viento a su compás.
Y cuando el aire se calma, parecieran flotar en la nada,
a la que ellas, curiosas, se asoman del revés.
Y al ver que tú las miras, se hacen grandes
en ese coqueteo que se traen con el agua.

A.

 

Ría de Formosa. Cacela Velha, Portugal.

Let me go

Let me go,
the skin is contained
the laughter, silent.

Let me go,
Is the desire wasted
or does the night persuade?

The desire is wasted…

Let me go
and warm my dreams up
for the cold morning,
when the sexy woman dies
and the lady conquers.

Because
I don’t want to suffer in your mouth
nor die either when I cannot have your love.

Let me go,
don’t make room for me
if I’m not your morning boob.

A.

Photography by Natalia Gónzalez Pérez

Borghetto sul Mincio

Cuando se hace un viaje hay días que terminan siendo como no los habías planeado, o al menos a mí me suele pasar. Este fue uno de ellos y resultó ser delicioso a pesar de dejarle hueco a la nostalgia. Quizás, como la naturaleza me gusta tanto, cuando se me pone delante con demasiada hermosura, me trae a todos los que me gustaría que, en ese instante, estuvieran conmigo para poder compartirla, siendo una de las razones de mi pasión por capturar imágenes.

Verona amaneció muy nublada y, a pesar de ello, me fui a fotografiarla a eso de las siete de la mañana. Algo muy significativo para mí porque, teniendo en cuenta que jamás salgo de casa sin desayunar, las ganas me llevaron a levantarme en mitad de la noche, y esto, en plenas vacaciones, me dio qué pensar. Media hora después estaba frente al Ponte Petra, chorreando, con paraguas en ristre protegiendo la máquina de fotos mientras intentaba lograr algún disparo decente. Y una hora más tarde estaba en casa, un tanto frustrada por haber exprimido más la ropa que la emoción, pero algo más reconfortada con el segundo café de la mañana en la mano y un exquisito bizcocho que me compré en la panadería que había junto a la urbanización. No quisieron darme la receta pero aún sigo buscándola por internet, porque nunca probé nada igual: la masa quedaba en forma de rosas sobre una base de caramelo. Creo que llegué a tener hasta espasmos de placer.

Ya repuesta y no queriendo atrincherarme en el apartamento viendo la lluvia caer, me puse a buscar información en internet sobre alguna zona bonita que no estuviera muy lejos, un lugar por donde pasear la vista un rato aunque fuera desde dentro del coche. Y me encontré con opiniones sobre Borghetto que no me dejaron indiferente, por lo que allá que me fui, con la gran suerte de que la lluvia paró en cuanto llegué.

No lo pude ver más bonito. El cielo en tonos grises con nubarrones de tormenta; el sol tímido intentando asomarse; la yerba recién mojada, y el río Mincio con unos tonos verdes brillantes, como recién lavados.
Aquel pueblecito medieval es y me resultó precioso: sus murallas desafiando al tiempo, su castillo, sus molinos de agua y su puente-presa Visconteo, único en Europa. Todo en sí es cautivador.

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Y, en medio de aquello, te tuve que echar de menos. Solté la cámara y me senté en la rivera pensando lo divertido que habría sido pasearla en bicicleta contigo. Pararnos luego a comer en cualquiera de los restaurantes que, desde fuera, ya incitaban los sentidos, para seguir viendo candados con promesas de amor, y reírnos, ya que nunca nosotros pudimos ponerle cierre a lo nuestro.
Me habría encantado hasta que me riñeras por no poder parar de hacer fotos. Te habría necesitado allí a mi lado, no más.

Quizás, la barca que sale meciéndose en la mitad de mis fotos hubiera dejado de hacerlo por habernos llevado donde nadie nos viera, hacia el final por el que se perdía el cauce del río, para, con él, hacerlo nosotros.

A.